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EL DÓLAR NO NECESITO DEL BALLOTAGE

EL DÓLAR NO NECESITO DEL BALLOTAGE

 

El gran derrotado en el segundo mandato de Cristina Kirchner es el proceso “pesificador” de la economía, que su gobierno pretendió, vanamente, implementar. Sólo se lo puede entender si se ve la montaña de pesos sin respaldo que se lanzaron al mercado para sostener un gasto público insostenible pese a la recaudación impositiva récord.

Lo que no logró el Gobierno fue que el mercado quiera esos pesos. Todos los intentos fueron fracasos completos. Incluso el blanqueo por intermedio del Cedin, un régimen que seguirá vigente aun cuando Cristina Kirchner no esté en la Casa Rosada, al menos hasta el fin de este año.

El refugio elegido para protegerse de tanto dislate fiscal, monetario y cambiario ha sido una vez más el dólar. Pero Axel Kicillof anota entre sus increíbles récords el haber logrado dejar a la economía argentina sin divisas, cuando en el mundo se consigue financiamiento casi gratis. Lo que parece nada si se considera que quien Cristina Kirchner considera “un genio” ha logrado que en la Argentina no sea negocio producir maíz o trigo.

Ernesto Sabato, crítico del método de razonamiento aristotélico, dijo alguna vez que Aristóteles había atrasado dos mil años el pensamiento de la Humanidad. Y señalaba que algunos le objetaban que el griego “había sido un genio”. El escritor y artista plástico respondía que no veía la objeción, dado que ciertamente hay que ser un genio para lograr atrasar dos mil años el pensamiento de la Humanidad.

Es por eso que todos los equipos económicos que podrían hacerse cargo de la gestión el 10 de diciembre próximo han planteado modos de salir del esquema actual. Del cepo, de las retenciones. Y todos se han atrevido a revelar que trabajan en procesos de blanqueo de divisas que los argentinos tienen en su poder y que no están debidamente declaradas, para poder encontrar el camino inicial de la reactivación y el alivio de la presión cambiaria.

Miguel Ponce, director del Centro de Estudios para el Comercio Exterior del Siglo XXI, reconoció incluso que los casi 10 mil millones de dólares que el Banco Central adeuda a importadores para que cancelen compromisos con el exterior podrían ser cubiertos con un bono.

Todo dependerá de cómo se tomen las medidas. Durante toda la campaña se habló poco de medidas aisladas. Porque lo que importa es tener un plan integral, que ataque los frentes fiscal, cambiario y monetario, y genere credibilidad. Hay antecedentes de salidas en situaciones similares sin estallidos ni shocks virulentos que descapitalicen al gobierno recién asumido.

Carlos Melconian lo señaló en los últimos días. El problema es el escenario internacional. Brasil y sus problemas de precios relativos, devaluación y crisis política son complicaciones adicionales muy significativas. Pero todos reconocen que la Argentina ya tenía problemas cuando las turbulencias que aquejan a Brasil estaban lejos de comenzar. El cepo cambiario comenzó en 2011 y desde entonces no hizo más que empeorar las cosas.

Levantarlo de un instante para el otro sería una locura, dicen algunos especialistas. Pero así como el hecho de que esté cerrado no ha impedido una monumental fuga, la liberación para pagar dividendos en el exterior e importaciones no tendría -piensan los menos pesimistas- un efecto de salto devaluatorio y crisis inmediata.

La confianza en la nueva administración y sus planes determinará la demanda de pesos y será esa demanda la que finalmente ponga límites a la inflación y a la devaluación, creen los expertos. Con más confianza, una devaluación significativa, pero menor que la realizada por Kicillof en su gestión, podría hacer, según creen algunos, que los precios de las empresas locales y sus acciones quedarían baratos en dólares y estimularían la inversión de los ahorros de los argentinos en esos instrumentos. Ahí entraría a jugar el blanqueo, que a su vez aliviaría las presiones devaluatorias.

Los desafíos son colosales, como los desequilibrios que lega Cristina Kirchner, quien -como dicen muchos muy peronistas- seguramente permitió que su ministro armara semejante bomba porque no previó a tiempo que se la dejaría a un sucesor “del propio palo” o algo parecido. “Esto claramente estuvo pensado para dejárselo a alguien considerado enemigo”, señalan con rigor.

El tema fiscal no es menor, no sólo por la magnitud del déficit y su influencia en el crecimiento de la deuda y la inflación. Además, para hacer atractivas las empresas y sus acciones será necesario que recuperen rentabilidad. Para ello, un modo muy eficiente sería reducir la altísima presión impositiva. Ejemplos obvios son las retenciones a las exportaciones del sector agrícola. Pero, otra vez, el dilema es cómo hacerlo sin aumentar el déficit fiscal.

Otro desafío enorme que tiene implicancias en el gasto son las tarifas de los servicios públicos y los subsidios a los consumos privados. Hacerlo de una sola vez causaría un tarifazo de imprevisibles consecuencias económicas y políticas. Salir con gradualismo lo propuso Néstor Kirchner en 2003, y Cristina Kirchner lo intentó desde 2011. Y el problema todavía está allí.

No sólo requiere gasto en pesos, sino una financiación en dólares anual para importaciones similar a las sumas que se mencionan como costo eventual del también para muchos necesario acuerdo con los holdouts. Era la herencia para un enemigo, al que tal vez se previó no darle oportunidad alguna.

 

Por Jorge Oviedo

 

FUENTE: Indiceprop

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